El Cadillac se estacionó en un lugar que claramente se podía apreciar los sonidos de las olas del mar y el olor a playa inundaba mis fosas nasales.
Noah me prohibió quitarme la venda de los ojos así que agarré su mano fuertemente y le seguí el paso.
Un aire violento me golpeó el rostro haciéndome sentir libre y prácticamente expuesta por la sencillez de mi vestido. El reloj la última vez que lo miré marcaban las 8:30, íbamos extremadamente tarde al trabajo y aun así mi "algo" quería revelarme