Los labios de Noah aprisionaba los míos ferozmente, el deseo era palbable, sus dedos comenzaron a hacer surcos en partes de mi piel sencibles terminando debajo de mi vestido.
Lo sentí mover para un costado mis bragas y solté un jadeo cuando bruscamente me penetró con dos dedos. Si que estaba apurado.
Los dos dedos se habrían paso por mi interior provocándome placer y con la mano restante comenzó a acariciar mis senos.
De un tirón ya estábamos ambos en la cama siguiendo esa danza de deseo. No