—Será mejor que nos calmemos, bizcocho — mordí mis labios al sentir su boca lejos de la mía—. Te espero abajo mientras te arreglas.
Se quedó mirándome por un momento, esperando a que le respondiera todas esas palabras tan bonitas que dijo, pero sencillamente las palabras no salieron de mi boca. Es tanta la dicha, la emoción, la traga y lo atontada que me dejó, que no encuentro qué decirle.
—¿A qué hora es la boda?
Saqué mi celular de entremedio de mis senos para mirar la hora en este. La picard