Emma
Solo entonces cuando dejé de escuchar su voz al otro lado de la puerta, me desvanecí en cientos de pedazos sin saber por qué lloraba y me sentía tan triste y rota, cuando debería sentirme feliz y dichosa tras ver unos de mis tantos sueños hechos realidad. Aun estando bajo la conmoción, acaricié mis labios sin dejar de sentir ese hormigueo que los suyos me provocaron tan pronto hizo un contacto directo y violento con mi boca. Sus labios son tan suaves y tibios, y sus besos son de los mejore