Colin
—¿Nervioso? — me preguntó Harper, con ese mismo tono divertido con el que yo le pregunté un año atrás antes que Amelia arribara en la iglesia—. Seguramente ya tuvo que haber salido corriendo y no es para menos. En su lugar, lo haría y ni siquiera me tomaría el tiempo de mirar hacía atrás. Faltaba más...
—¿Quieres callarte? Tu verborrea me pone el doble de nervioso — acomodé mi pajarita por enésima vez.
—No tienes de qué preocuparte, capullito. Es normal sentir que te vas a hacer encima, p