Dos años después...
—¿Tienes algo que decirme, esposo mío? — la mirada que me dedicó Emma me estremeció de pies a cabeza—. ¿Por qué tan callado?
—M-me has dejado sin palabras, esposa — me fui acercando a ella lentamente—. Quién diría que debajo de ese vestido tan bonito y que te hacía ver tan tierna, estuviera el mismo diablo en persona.
—¿Diablo? — enarcó una ceja—. No era eso lo que quería escuchar.
—Mi esposa es una diablita muy sexi y hermosa — la tomé de la cintura y la atraje a mi cuerpo—