Nadin sentía una mezcla de fuerza y energía al contemplar el USB en su mano. Sin embargo, la duda la asaltaba: ¿qué habría en él? ¿Y si era una trampa? “Primero debo asegurarme de que no esté lleno de virus”, pensó. Pero la determinación se apoderó de ella. “Lo que sea que haya, puedo lidiar con cualquier virus que se interponga. Quien lo puso, sufrirá”.
Subió a su estudio y se encontró con Jerder, que entraba con su taza de café, y Black, que estaba atado a Alejandro. “Qué dúo tan pegajoso”, pe