Esmeralda no podía imaginar que Ángelo perdonaría a Nadin, ni mucho menos que la protegería. La angustia la consumía, y Cinthia, al sentir la tensión en el ambiente, decidió que era mejor salir.
—¡Esma, tengo que ir a un lugar! ¡Cualquier cosa, me llamas, ¿vale? —dijo, tratando de evitar el conflicto.
Esmeralda no respondió; solo la miró, perdida en sus pensamientos. Su mente comenzó a divagar sobre los hechos. La duda se instaló en su corazón, convirtiéndose en una interrupción constante. Podrí