Esmeralda, desesperada, sabía que tenía que ver quién estaba hablando con Ángelo. Si era Nadin, no podía permitir tal cosa. Nunca perdonaría esa traición. Comenzó a dar golpes fuertes en la puerta.
—¡Ángelo, abre la puerta! —gritó, su voz resonando en el pasillo.
Ángelo escuchó los golpes, pero su mente estaba perdida en un mar de confusión y dolor. Para él, el ruido era solo un zumbido lejano. Pero Esmeralda continuaba gritando con furia.
—¡Ángelo, abre la m*****a puerta! ¡Dime con quién hablas