Nadin estaba pensativa en su cama. Su mente estaba llena de ideas, y todas ellas eran tan crueles que hasta ella se asustaba de sus propios métodos de contraataque. Pero no había mejor manera de hacer llorar a un niño que quitarle su propio dulce.
Tenía consigo todos los planos de los negocios de los Clindy y los Stomcling. Sabía cuáles eran los más turbios y los que no tenían perdón de nadie. Hacerles perder el control sería la mejor opción.
Se sentó en la cama y reflexionó sobre los hechos. Ca