Seguíamos tumbados junto a la cascada, el agua que caía salpicaba nuestras caras. Se había levantado una brisa agradable, mis piernas estaban enroscadas en las de Dante y mi cabeza apoyada en su pecho, el latido de nuestros corazones se había sincronizado, el tocaba mi pelo, yo acariciaba sus cicatrices.
- Te lo pusiste.
Le mire sin entender muy bien a qué se refería.
-El collar.
-Si.
- Lo deje para que te protegiera mientras no estaba. Es un collar de protección, era de mi madre, es de los poc