- DANTE -
Estaba en una habitación oscura, me tenían sujeto con cadenas de plata por las manos y por los pies en una especie de cama y no podía moverme. La plata quemaba mi piel, esa sensación tan dolorosa y que conocía tan bien, intentaba moverme, pero era imposible, el dolor era insoportable. Intente hacer fuerza para liberarme de ellas, pero lo único que conseguía era que se aferraran más fuerte a mi piel.
La puerta de la habitación se abrió.
- Volvemos a encontrarnos.
Era Cancervero, pero no podía ser real, él estaba muerto yo mismo había ayudado en su muerte y le había visto desintegrarse hasta que lo único que quedaba de él era polvo, pero la imagen se sentía tan real, que estaba absolutamente confundido.
Cancervero llevaba sujeto con sus brazos a un hombre que llevaba la cara tapada con un saco de color negro. Cancervero empujo al hombre de malas maneras contra el suelo y en su mano llevaba el látigo con sus seis puntas de plata, ese látigo que podía reconocer en cualquier par