No habíamos dormido absolutamente nada, pero eso nos daba igual. El momento que acabábamos de vivir había sido mágico, había sido una promesa de vida, de futuro, de estabilidad, de amor... Los dos seguíamos tumbados en la cama, como dos adolescentes enamorados nos mirábamos, nos sonreíamos, sintiéndonos incapaces de romper la magia que estábamos viviendo en ese momento.
Pero la realidad era otra y hoy era el día en el que se iban los demás Clanes y nosotros teníamos que estar allí para despedir