Los rayos del sol iluminaron la cueva.
- Despierta lobita, tenemos que irnos.
-No, no quiero...
- ¡Venga dormilona levanta! -Dante empezó a hacerme cosquillas.
- Vale, vale para ya, ya voy.
No podía parar de reírme, me cogió con sus grandes manos y se tumbó encima de mí. Me beso y le bese, no podía parar de besarlo, era como una droga y yo me estaba haciendo adicta de él y yo no quería parar. Le toqué el pecho y le apreté hacia mí, quería tenerlo lo más cerca posible de mi cuerpo, quería sentir