Dos semanas habían pasado, dos semanas que se volvieron una sola perdona. No había una noche sin besos y caricias; su felicidad era casi completa. Se miraban a los ojos sin poder creer que estaban juntos, y su familia aceptaba su unión, solo faltaba que los padres de Izan regresaran, pero la pequeña Maia seguía en tratamiento. Los padres de Alana se habían ido junto a sus hermanos. Ariel, mientras ellos trabajaban en los nuevos diseños bajo el cuidado de Pavel y Tobías.
En el taller de diseño a