Alana apoyó su cabeza en los acolchados del sofá, perdida en su mirada mientras él bajaba su tanga. Sus dedos rozaron sus labios vaginales, arrancándole un suspiro.
—Siempre estás lista para mi —murmuró Izan, dejando una línea de besos por su muslo hasta llegar a sus vértices. Aspiró profundamente entre ellos— me fascina tu olor, pero más tu sabor.
Los dedos de Izan se movieron con habilidad, acariciando y explorando con delicadeza pero con intención. Su humedad lo dejaba ver lo receptiva que e