ALANA GERBER
—¿Que si me arrepentía de esperar hasta el día de hoy? No, no lo hacía. No pensé que experimentaría tantas emociones, todo era nuevo. Era perfecto delante de mis ojos, y yo lo era también para él.
Mis mejillas se tiñen de rojo solo al recordar cómo me tenía y todo lo que hicimos.
Sonrío mientras viene caminando hacia mí, solo con el mero boxer y su cabello suelto, muerdo mis labios y se acuesta a mi lado y trae una tarro de helado de fresa en sus manos.
«¡Qué hombre!», pienso, a