—Shh, Alana. Solo quiero hablar contigo en privado...
Alana mira a todos lados, queriendo gritar, y el miedo se apodera de ella. Su corazón late con fuerza, y sus pensamientos se atropellan unos a otros. Su respiración se vuelve errática mientras sus ojos buscan una escapatoria.
—No grites, no quiero hacerte daño —susurra Jasiek, sus ojos penetrantes fijos en ella.
Dentro de la casa, la discusión entre Marc y Sergio se intensifica. Sergio, con el rostro enrojecido y los puños cerrados, trata de