No podía soportar la imagen de mi hermana conectada a todos esos aparatos. Mis padres la cuidaban mientras Fabián les explicaba con detalles la recaída que había tenido; sus glóbulos rojos habían bajado drásticamente. Yo fui su donador, ya que mi padre no podía por su historial médico y mi madre no se opuso.
Maia parecía un ángel, dormida, con esa gran máquina transfiriéndole mi sangre. Pavel se mantenía al margen, pero su preocupación era evidente. Le di un beso, a mi hermanita y, peiné su cab