capitulo 95

En ese momento, la puerta se abrió de golpe, y Raffil apareció, su rostro pálido y lleno de preocupación. Había corrido desde su oficina, y el sudor perlaba su frente. Al ver a Victoria, su corazón se detuvo.

—¡Victoria! —gritó, corriendo hacia ella—. ¿Qué está pasando?

Victoria lo miró, y en sus ojos vio el amor y la preocupación que siempre había estado allí. Era su ancla, su refugio en medio de la tormenta.

—Estoy… estoy a punto de parir —dijo, su voz temblando—. No sé

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