El tiempo había pasado como un susurro en el viento, y la familia que Victoria y Raffil habían construido a lo largo de los años ahora estaba formada por jóvenes adultos llenos de sueños, responsabilidades y, en algunos casos, dudas. Dieciséis años habían transcurrido desde aquella tarde en el hospital en la que Rafael y Viola discutían emocionados los nombres de sus hermanos. Ahora, cada uno de ellos había encontrado su lugar en el mundo, pero las sombras del pasado aún rondaban, especialmente