Horas después, el bosque estaba en completo silencio, roto solo por el sonido de los insectos nocturnos. Raffil yacía inconsciente en el suelo, con sangre corriendo por su frente. Su paracaídas, ahora inservible, estaba enredado entre las ramas de los árboles cercanos. Su imponente figura, siempre tan llena de vida y poder, parecía ahora vulnerable, casi irreconocible.
Sin embargo, el destino no había terminado de jugar con él.
Cerca de allí, una figura femenina observaba desde las sombras. Dani