Mientras Laura intentaba recomponerse, un murmullo recorrió el salón. La atención de todos se dirigió hacia la entrada, donde Raffil Leopaldo, acompañado de su esposa Victoria, hacía su entrada triunfal.
Raffil, con su imponente figura y su mirada penetrante, era el epítome del poder masculino. A pesar de sus años, su porte seguía siendo el de un hombre que dominaba cualquier habitación en la que entraba. Su traje oscuro, perfectamente ajustado, y su caminar seguro hablaban de un hombre que no s