Poco después regresamos a la aldea, cada paso que daba era doloroso, me sentía agotada después de dar a luz, en mis brazos, apretado contra mi pecho llevaba a Lykan, mi pequeño milagro, mi cachorro, cubierto con un pedazo de la capa de Marco,
Mi tía nos esperaba en la entrada de la aldea, alguien le había avisado lo que había pasado, sus ojos se clavaron en mí, después en Lykan, sin decir una sola palabra me abrazó en cuanto llegué hasta ella.
—Tía… —susurré, con la voz quebrada.
—Estás viva,