Más tarde nos encontrábamos en la cabaña que me habían asignado antes de mi matrimonio con Kael, Kael entró poco después, cerró la puerta de un fuerte golpe, yo tenía a Lykan en los brazos. El cachorro respiraba agitado, estaba asustado.
—Así que has traído a tu cachorro—dijo Kael, su voz era tranquila, pero pude notar rabia— muy conveniente.
—Es mío —dije, apretando a Lykan contra mi pecho.
—Ya te dije que todo lo que hay aquí es mío —Kael se acercó a nosotros— incluyendo los secretos que trae