El vapor de la ducha se enroscaba en el aire como una cortina de niebla, ocultando la inmensidad de la habitación y el tamaño de la mansión que parecía tragarlos a ambos. Abby tenía la esponja en la mano, los dedos temblorosos, conscientes del poder que Evan ejercía sobre ella. Él estaba allí, frente a ella, imponente, sus músculos mojados reflejando la luz difusa. Siempre lo había admirado desde lejos, imposible, intocable… y ahora lo tenía cerca, dominando cada centímetro de su espacio. —Hazl