La oficina estaba en penumbras, apenas iluminada por la lámpara de escritorio que Abby había dejado encendida. Desde lo sucedido en la mañana había evitado cruzarse con él, refugiándose entre papeles, balances y cuentas que no terminaban de cuadrar. El corazón le latía con violencia cada vez que pensaba en la llegada de Evan MacGregor, ese hombre que en cuestión de días había pasado de ser un recuerdo lejano de los almuerzos con su padre, a convertirse en el dueño absoluto de todo lo que alguna