Estábamos en la cama, envueltos en las sábanas revueltas, con el calor de nuestros cuerpos todavía pegado a la piel. Evan me tenía abrazada por detrás, su pecho contra mi espalda, su brazo rodeándome la cintura como si temiera que me escapara en cualquier momento. Yo jugueteaba con sus dedos entrelazados con los míos, sintiendo la paz que no había sentido en años. —Espera… —susurré, girándome un poco para mirarlo—. Debo preguntarte algo. —Lo que quieras —respondió él en voz baja, besándome el h