Así que fue enorme nuestra boda. En una finca en las afueras convertida en jardín de ensueño: miles de rosas blancas y rosadas trepando por arcos, un pasillo interminable de pétalos, orquesta en vivo, más de trescientos invitados entre socios, amigos y gente que ni siquiera conocía bien. Aunque ambos acordamos en que mi padre no fuera invitado. No lo queríamos allí. Su sombra ya había sido demasiado larga en nuestras vidas. Evan no podía superar el hecho de que cuando, como discípulo de mi padr