Él frunció el ceño, extrañado. —No sé de qué hablas. —Por favor —susurró ella—. Siempre fue obvio. Evan la miró fijo, como si la viera por primera vez. —Siempre me miraste con asco. Abby soltó una risa sin gracia, casi histérica. —¿Con asco? Por favor, créeme… no te miré con asco. Cuando me gusta alguien me pongo tímida. Rehúyo la mirada, me sonrojo, me enredo con las palabras. Eso no es asco. Y aparte… ¿qué te importa a ti si yo te amaba o no? Evan tragó saliva. Su agarre se suavizó. —¿Ya no m