33. Quería escuchar tu voz
Giancarlo
Se había levantado con los brazos alrededor del cuerpo sensual y cálido de su esposa. Con una sonrisa se acurrucó contra ella hasta que la alarma que Leonora usaba en las mañanas lo levantó, y luego él tuvo que levantarla. Entre risas escuchó sus quejas hasta que la desnudez resultó ser una ventaja y aprovechó para darse un festín entre las piernas de su esposa y así lograr que se despertara por completo con una sonrisa en el rostro.
Y no fue un error hacerlo, porque debido a ese deta