Mi adicción, tú. Mi condena, tú. Mi verdugo, tú. Mi destino, tú. Siempre tú.
Alexander
Observo la oficina a detalle, cada rincón familiar, cada objeto en su lugar, intocados por el tiempo, pero la atmósfera misma ha mutado, es la misma de antes, pero se siente diferente, no se siente como mía. Es un museo de lo que fuimos. La voz de Cassandra se pierde en el espacio, la sala se expande, el aire se vuelve denso, y me siento solo, como si el mundo a mi alrededor se hubiese desvanecido, llevándose