La vida es un maldito titiritero.
Alexander
No entiendo cómo es que pude pensar en separar a una madre de su hijo, la rabia no justifica las palabras que le dije ni como me comporté, pero es que de nuevo la tuve entre mis manos y solo fue como el agua, no pude ni puedo retenerla a mi lado y no sé qué es lo que voy a hacer para aprender a vivir sabiendo que le pertenece a alguien más, que lo de hoy fue la última vez para los dos.
—Señor, ¿A dónde quiere ir? —Lo miro a través del espejo retroviso