Marco volvió esa misma noche a Manhattan en un vuelo, hecho trizas.
En cuanto el avión aterrizó, se dirigió corriendo a casa de Sofía. Cuando abrió la puerta, Sofía apareció medio dormida apoyada contra el marco. Al verlo, se lanzó sobre él rebosante de alegría.
Pensó que había ganado.
Justo cuando extendió los brazos para abrazarlo, la mano de hierro de Marco se cerró alrededor de su cuello, y unos minutos después la lanzó con brutalidad contra el sofá.
—¿Quién te dio permiso para mandarle esas