Esa tarde, tal y como lo acordaron, Marla y su nonno salieron de paseo por la villa. Fueron hasta el establo donde guardaban los caballos.
—Ella es tormenta —dijo Elio, mostrando el hermoso animal a su nieta.
—¡Es hermosa, nonno! —Marla acarició el negro pelaje de la yegua, quien al sentir su mano relinchó.
—Creo que aún te recuerda. —advirtió el anciano.
—Tenía unos doce años —respondió un tanto incrédula.
—Marla, los animales recuerdan siempre quien les dio cariño, estoy segura de que