Madelaine entró con gran ímpetu y firmeza a la jefatura de policía seguida por el conde y Patrick. Su elegante y bella figura no estaba afectada por los visibles golpes que aún yacían en su cuerpo.
— Exijo ver a mi esposo—dijo seria y con voz de mando—. Lo quiero ver ¡Ahora mismo!
Todos los presentes detuvieron las tareas que estaban realizando para mirarla. Un oficial se acercó a ella mirándola con el ceño fruncido.
— Disculpe señora. No tengo el placer de conocerla, pero usted no es nadie par