Patrick y Maddie se quedaron mirando por un instante. Ambos de diferente manera, estaban sufriendo perdidas y transitando por un gran dolor. Aun así, el aprecio que les había generado la amistad que tenían, les permitió mirarse a los ojos, sin caer en reacciones que no llevarían a ningún lado más que provocar dolor.
— Maddie... —dijo el abogado con voz ahogada—. Maddie, yo... lo...
La joven lo detuvo de inmediato.
— No lo digas Patrick. Si me vas a decir que lo sientes, mejor no lo digas