Blake apenas podía creer lo que había sucedido. Aún sentía el peso del arma en su mano, aunque ahora solo quedaba el temblor en sus dedos y el eco de su propia respiración entrecortada. Parecía que, después de la efervescencia del momento vivido en la residencia de los Hamilton, las palabras del conde lo hubiesen traído de vuelta a la realidad con un golpe seco.
"¿En qué demonios estaba pensando cuando quise volarle los sesos a ese maldito frente a una pobre mujer embarazada?" se recriminó co