Los siguientes días en Lancaster Hall pasaron en una tensa calma ya que la actitud desafiante de Priscilla seguía igual que siempre, pero tanto Maddie como Blake, se dedicaron a vivir su momento y a fortalecer su amor, que en definitiva era lo único que les importaba.
Él se había convertido en un devoto esposo, que parecía ver solo a través de los ojos de Madelaine. Y ella, estaba totalmente rendida ante aquel hombre que por donde pasaba, se llevaba las miradas femeninas. Pero él, era de ella