Cautivo
Cautivo
Por: Paola Arias
Capítulo 1

Me casé enamorado y con la esperanza de que, con el paso del tiempo, Agatha se fijara en cada uno de mis sentimientos. Pero con los años, lo único que he sido para ella es un títere, un simple muñeco que usa a su divino antojo para conseguir lo que más desea. 

He querido divorciarme, alejarme y nunca más volver a saber nada de ella, pero tiene un poder que no entiendo que me somete a permanecer a su lado.

Sería muy estúpido de mi parte seguir amándola, sabiendo que en estos diez años juntos, no ha hecho otra cosa que humillarme y burlarse de mí en mis propias narices. Aun así, con su poco interés en mí y su falta de amor, guardo una pequeña esperanza dentro de mi corazón que se fije en mí, que me note y me tenga en cuenta como su esposo. Que su corazón al fin vea al mío por igual y me ame sin prejuicio alguno, porque malditamente sigo amando a esa mujer de mirada fría y distante. 

Algo debe estar muy mal conmigo al permanecer junto a una mujer que no siente más que repudio por mí, pero entre cada intento de alejarme, el amor que siento por ella, me ha impedido irme de su lado. 

Durante este matrimonio, he hecho todo lo que me ha pedido. He estado para ella en cada momento, siendo incondicional y leal, pero por más que me esfuerce en hacerme notar, no he logrado nada. El fastidio en su mirada no me pasa desapercibido, lo que rompe mi corazón y me hace pensar que jamás seré yo el amor de su vida. 

Muchas veces me pregunto por qué sigue a mi lado, si parece odiarme y no tolerar mi presencia. Sus besos son fríos y sin vida alguna. Sus manos jamás me han brindado una dulce y ardiente caricia, y su cuerpo, aunque responde al roce de mis manos, jamás se ha hecho uno solo con el mío; no hay ninguna conexión que nos una. Siempre que la tengo debajo de mí y mi corazón siente que va a explotar de dicha por sus palpitaciones agitadas, su mirada me baja de un solo tirón de las ilusiones que me hago. 

Duele, pero ya me resigné. Sé que mi esposa jamás me va a amar como yo la amo a ella, más me conformo con estar a su lado día a día, aunque su corazón jamás vaya a unirse con el mío.

Me hace tanto bien estar a su lado, pero a la vez es tan dañino que prefiero mantenerme en el limbo para dejar de pensar en lo felices que podemos ser y no lo somos. 

¿Qué más puedo hacer para que me acepte? ¿Cómo es la manera correcta de llegar a ella? ¿Acaso lo estoy haciendo mal? Todos los días mi mente se satura de cientos de preguntas, mientras que mi corazón se hunde en lo más hondo de un pozo.

La observo mientras comemos en silencio nuestro desayuno. Sigue tan hermosa como la primera vez que la vi. Sus ojos azules son como una red, que te envuelven y no te permite siquiera respirar una vez te atan. Sus labios rojos son tan suaves y carnosos, pero sobre los míos, carecen de vida, forma y color. Muy pocas veces me besa, y cuando lo hace, se siente tan forzado.

«Te destruyes porque quieres y tú solito», las palabras de mi padre son un látigo de realidad. 

Pero ¿cómo le digo a mi corazón que deje de amarla y de añorarla? Es mi esposa, la mujer que he amado toda mi vida y con la única que deseo formarlo todo. No puedo verme con nadie más que con ella.

—¿Qué? ¿Por qué me miras tanto?

—Eres muy hermosa. 

Cruzamos mirada y baja la taza de café que sostiene en sus manos.

—¿No tienes nada mejor que decirme? Eso ya lo sé, no tienes que repetirlo siempre.

Desvío la mirada sin saber qué responderle. En mis intentos de ser dulce con ella, siempre me cohibe su actitud arrogante.

—Te recuerdo que tenemos una cena con nuestras padres esta noche. Llega puntual y usa el traje que te dejé sobre la cómoda. 

—No se me olvida la cena —hizo una mueca de disgusto. 

—Mi amor...

—No me digas así estando en la casa —me fulminó con la mirada y se puso de pie—. Nos vemos en la noche. 

Antes de que pudiera desearle un buen día, se marchó de casa sin añadir nada más. 

Suspiré hondo, sintiendo un dolor agudo en el centro de mi pecho. A veces pienso que este matrimonio no es más que una fachada, porque frente a los demás, Agatha es una mujer completamente diferente. En cambio, cuando estamos solos, su frialdad me abruma. 

Me apresuré a terminar mi desayuno y salí de casa rumbo a la empresa. Este día pinta largo y horrible, no solo por la actitud de mi esposa, sino también por la dichosa cena que tenemos con nuestros padres. 

***

Nervioso, froté mis manos en mi pantalón por debajo de la ropa, mientras mis padres y mis suegros no dejaban de preguntarme con una mala mirada dónde estaba Agatha y por qué tardaba tanto en llegar.

—Tuvo que tener algún percance y por eso está tardando en llegar, pero pronto lo hará. 

—No la defiendas siempre, Karim —me reprochó mi suegra—. Pensé que mi hija iba a cambiar algún día, pero esa mala costumbre de llegar tarde y ser el centro de atención, no ha cambiado ni un poco. 

—No seas tan dura con ella, Beatriz. Mi esposa no tardará en llegar...

—Buenas noches —Agatha tomó asiento a mi lado y dejó un beso en mis labios, acelerando los latidos de mi corazón y dejándome con la viva gana de seguir probando su boca—. ¿Pediste por mí, cariño?

—Sí, mi amor...

—Y sigues siendo la misma descarada de siempre —su madre la miró con furia—. ¿Cuándo vas a empezar a compartarte como una mujer adulta y casada?

—Lo siento, mamá, pero es que tuve un pequeño problema en la tienda y primero tenía que solucionarlo. Ya estoy aquí que es lo importante, ¿no?

Su madre no dijo nada más ya que el camarero trajo al fin nuestras órdenes por petición del Sr. Darius. 

La cena fue un poco incómoda. Mis padres no dejaban de darme miradas lastimeras y mis suegros parecían muy enfadados.

—Ya han pasado diez años y Agatha está por entrar a los treinta y cinco. Si no se apresuran a tener un hijo ahora, más adelante no lo podrán hacer —las palabras de Beatriz hicieron tensar a Agatha.  

—Mamá, por favor, no empieces. 

—Quiero ser abuela y tú eres mi única hija. No entiendo por qué han tardado en darnos nietos, si ya han pasado diez años desde que se casaron. 

—Un hijo no hacía parte de nuestros planes. Queríamos pasar tiempo como pareja, conocernos y amarnos sin que nadie nos detuviera. 

Quién la escuche diría que es cierto, pero nada más doloroso que darte cuenta cada día lo falsa que es y lo buena actriz que salió. 

—Pues ya pasó el tiempo y se conocieron lo suficiente, así que esfuérzate un poco más, Karim. 

—Así será —respondí en automático. 

Mi madre suspiró y mi padre se cubrió el rostro con una mano. Han hablado muy poco durante la cena y no es para menos, si es que ellos nunca han estado de acuerdo con mi matrimonio.

—No los presiones, querida. Un hijo es una responsabilidad muy grande. La misma vida se encargará de darles los hijos en el momento correcto, por lo que tomen las cosas con calma y esperen lo que el destino les tiene deparado para el futuro. 

Mi madre me regaló una sonrisa y le agradecí con la mirada que cortara con esa tensión que había en el ambiente.

***

Desde que salimos del restaurante, Agatha ha estado muy callada y pensativa. Sé que las palabras de su madre deben estar dándole vueltas en la cabeza.

Si nunca hemos hablado de amor, mucho menos de hijos. Ella es muy precavida en ese aspecto y siempre se protege cuando estamos juntos.

—¿Qué te tiene tan pensativa? —hice la pregunta con temor a ofenderla—. Si es por lo que dijo tu madre, no tienes que preocuparte. Es nuestra decisión tener hijos o no. 

—No quiero hijos, mucho menos contigo. 

Apreté el volante con fuerza, conteniendo el dolor que me causaron sus palabras. 

—Pero mi madre no lo dejará. Ha venido insistiendo desde hace años y si no le cumplo su capricho me quitará absolutamente todo.

—¿Eso quiere decir que...?

—No me sorprende lo poco inteligente que eres.

—No entiendo lo que quieres hacer si en tus planes nunca han entrado tener hijos, Agatha.

—Tendremos un hijo para complacer a mis padres, pero no te hagas a la idea de que yo lo daré a luz. No voy a arruinar mi figura y mi estilo de vida con una cría. 

—¿Vamos a adoptar? 

Sentí su mano en mi mejilla y la miré de reojo, sorprendido por su gentil tacto.

—No seas idiota, Karim. En lugar de hacer preguntas innecesarias y estúpidas, acelera el auto que necesito llegar a casa lo más pronto posible para encargarme de este asunto.

Asentí en silencio y aceleré, sintiéndome extraño, confundido, decepcionado, triste y sin ningún tipo de valor. Claro que yo sí quiero hijos, siempre lo soñé, pero cada una de las ilusiones que me hice con ella, van directo a lo más profundo de un basurero, porque ella misma se encarga de destrozarlas en sus suaves y cálidas manos. 

🔹

Hola, mis amores, espero se encuentren muy bien. 

Les traigo esta nueva historia que tengo prevista será corta. 

Les deseo una lectura apoteósica.

Los quiero mucho 🖤

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