La mañana estaba soleada, un día hermoso para unos corazones afligidos. Eva no paraba de mirar hacia la arboleda por donde su amor se había marchado, con el brillo en sus ojos que develaba su esperanza por estar junto a él de nuevo. En su corazón sabía que volvería, lo esperaría, ella era suya de por vida. Miró hacia las rocas y los arboles tupidos, allí el oso se había mezclado con la hierba y se perdió de vista por el terreno sinuoso. Divisó que algo se movía entre los arbustos y estuvo a pun