Astor me tomó de las manos mientras el rey comenzó con su discurso. Nuestro calor nos hacía felices mutuamente. En mi mente, solo pensaba en nuestra boda y en nuestra vida de ahora en más. El también lo hacía, mientras me abrazaba, susurraba a mi oído cuanto me amaba y cuanto me había extrañado en todos estos días de encierro y ausencia.
—Hoy debo decir que no puedo mentirle con respecto a mi tristeza. No me caracterizaré por ser un mentiroso nunca. —empezó a decir el rey, todavía sosteniendo l