(Narra Seth)
—Te estoy diciendo que tomes eso, lobo. —ordenaba el hombre encargado de custodiar la celda.
La madrugada estaba llegando y no podía dormir, no lo tenía permitido hasta que tomara de esa jarra que ese sujeto insistía en que bebiera. Pero tenía un hedor pestilente, no iba a darle el gusto de humillarme así. Prefería morir de sed y ya, antes que contentarlo como si fuera un payaso.
—Vamos, hazlo, tienes una sed terrible. ¿No me vas a decir que no quieres hidratar tu garganta? Cada dí