El aire estaba suave, con una brisa ligera que entraba por las ventanas abiertas. Amara estaba recostada en la cama de su habitación, sintiendo una mezcla de calma y nerviosismo. Había pasado ya una semana desde su regreso al apartamento. La tranquilidad del hogar de Dimitrios la rodeaba, y por fin podía pensar en lo que había vivido en los últimos días.
Esa tarde, los padres de Dimitrios habían decidido hacerle una visita. Amara se había preparado lo mejor que podía, aunque su cuerpo no siempr