Una semana. Siete días de incertidumbre y temor habían transcurrido desde que Amara y Lia habían sido arrancadas de sus vidas normales. En ese lapso, la realidad se había convertido en una pesadilla constante para ambas. Encerradas en un lugar oscuro y desconocido, rodeadas por el hedor a humedad y el constante eco de pasos ajenos, cada segundo parecía alargarse hasta el infinito.
Amara se encontraba sentada en el suelo, abrazando sus rodillas, tratando de calmar los pensamientos que la asfixia