Era una tarde tranquila en la oficina de Dimitrios. Amara estaba revisando algunos documentos en la sala de reuniones, mientras Dimitrios estaba en su despacho. Todo parecía rutinario hasta que una voz femenina, elegante y segura, resonó en el pasillo.
—Dimitrios, querido, ¡por fin te encuentro!
Amara levantó la vista al escuchar la risa cristalina de la mujer. Antes de que pudiera reaccionar, la puerta se abrió, y una mujer alta, de cabello castaño brillante y perfectamente arreglada, entró al