El sonido del teléfono despertó a Amara a la mañana siguiente, en una habitación que aún conservaba la esencia del encuentro de la noche anterior. Las sábanas blancas estaban desordenadas, y en el aire aún flotaba el perfume de las velas y el suave murmullo de la música que había acompañado sus momentos más íntimos. Se estiró y se acomodó en la cama, aún sintiendo la calidez de Dimitrios a su lado, pero al mirar a su alrededor, algo en su interior le decía que las cosas no serían iguales a part