Dimitrios caminó lentamente por los pasillos de la mansión familiar, el sonido de sus pasos resonando en el mármol de los suelos. El aire de Grecia, tan familiar, ya no tenía el mismo efecto en él. Todo parecía diferente desde que dejó a Amara atrás. El paisaje que tanto amaba, el ajetreo de su ciudad natal, y la rutina de su vida anterior ya no lo llenaban de la misma satisfacción. Su mente siempre regresaba a ella, a esa habitación de hotel, a sus caricias, a los besos que compartieron. Se en