Me quedé mirando al niño en brazos de Rafayel, mi mente luchando por procesar la incongruencia. ¿Este niño era... su hijo?
Pero entonces la alegre respuesta del pequeño a Rafayel lo dijo todo. —¡Ah, sí, papá, hoy tuve un día muy bueno en el kínder!
Rafayel sostenía al niño en brazos, y su actitud se suavizó cuando me miró.
—Déjame presentarte a la tía Leslie —dijo, volviendo su atención hacia mí.
—¿Mamá? —dijo el pequeño emocionado, sus ojos brillando con esperanza.
La pregunta me desconcertó,