Cuando me giré, vi a Rafayel entrando en la habitación, vestido con su habitual elegancia.
—Rafayel… —empecé, dejando la frase en el aire mientras lo miraba—. ¿No quieres acompañarme al evento?
—¿Tengo que acompañarte? —Rafayel levantó una ceja con un ligero gesto de descaro.
Puse los ojos en blanco, la frustración asomándose en mi tono. —¿No te dije que también necesitas estar presente en el evento?
—De acuerdo, princesa, muy fácil. Cambiate primero y yo también me alisto —respondió Rafayel co